Hay rincones de Chubut que solo se pueden conocer navegando. El Faro Isla Leones es uno de ellos: una torre de hierro de once metros que se levanta en una isla frente a Camarones y que hoy se puede visitar a través de excursiones náuticas guiadas, dentro del Parque Provincial Patagonia Azul.
El faro de Isla Leones, en Chubut, tiene una cúpula de hierro forjada en Francia.
Durante 51 años guió a los navegantes del Atlántico Sur con una luz que se veía a más de 50 kilómetros. Hoy, apagado desde 1968, se transformó en un atractivo turístico con un fuerte valor histórico, declarado Patrimonio Cultural Argentino. Damián Guerreiro, jefe del Parque Provincial Patagonia Azul, fue quien compartió los detalles de esta travesía y de la historia que la hace tan particular.
Cómo es la excursión náutica en Chubut para visitar el Faro Isla Leones
La única forma de llegar hasta el faro es por agua, y la salida se organiza desde Camarones con el prestador habilitado Viento Azul, que es quien tiene la autorización exclusiva para realizar estas visitas. La regulación responde a que la isla forma parte de una zona protegida tanto por su valor ambiental como por su importancia arqueológica.
El recorrido atraviesa las aguas frías del golfo y ofrece algo más que la vista del faro: es la posibilidad de navegar un paisaje insular todavía poco transitado, con el telón de fondo de la costa patagónica. Desde la embarcación, el faro aparece como un gigante de hierro que sobrevivió a décadas de soledad y abandono, y esa imagen es, para muchos visitantes, el punto más alto de la salida.
Además de la navegación, la excursión funciona como una forma de acercarse a la vida de quienes habitaron la isla hace más de un siglo. Por eso, quienes se suban a esta travesía no solo van a sacar fotos: van a recorrer un capítulo poco conocido de la historia marítima de la provincia.
Qué se puede ver en el faro: una cúpula francesa y un sistema ferroviario en medio del mar
Una vez en tierra, lo que más llama la atención es el diseño de la torre. Guerreiro explica que su forma y su altura la convierten en una construcción única en el país: su cúpula fue fabricada en Francia y tiene once lados, un detalle que la vuelve, según sus palabras, un sitio cultural e histórico fuera de serie.
Pero hay otro hallazgo que sorprende a quienes visitan el lugar: los restos de un sistema ferroviario que se usó para construir el faro. Se trata de vías de trocha angosta tipo Decauville que recorren unos 850 metros desde la costa hasta la base de la torre, por donde antes circulaban carros cargados de materiales. Verlas hoy, todavía marcadas en el terreno, es una manera concreta de entender el esfuerzo que implicó levantar esta obra en un lugar tan aislado.
Para quienes caminan la isla, también hay un sendero interpretativo de ochocientos metros con cartelería informativa, sumada a través de un trabajo conjunto con Parques Nacionales. Esa señalización ayuda a dimensionar cómo era la vida cotidiana de los fareros que vivieron ahí hace más de cien años.
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