Cuscus con base de semolín junto a mejillones y sururus matizado con especias sobre un coulis a base de manteca, vino blanco y cebolla, acompañado por sabrosos camarones: un nombre rimbombante para este plato que es una creación del restaurante Le Sururu Bistrot Nordestino, del Urban Resort Ritz Lagoa da Anta, un 5 estrellas de Maceió. Esta cocina de estilo fusión parte de materias primas brasileñas para elaborar con técnicas francesas las más creativas comidas, en un ambiente elegante, con detalles que remiten a la Francia de los años 60, mucho color, cuadros y tapices, mesas refinadas, y la intimidad justa para disfrutar de una velada de a dos.
Maceió oculta una faceta glamorosa, con restaurantes cinco tenedores, hoteles boutique y playas solitarias cual postales perfectas. Lejos de un lujo excesivo, sin protocolos ni reglas de etiqueta, el destino conserva cierto dejo de rusticidad y una atmósfera relajada. Viajamos en busca de estas propuestas para sibaritas y amantes del buen vivir, que se encuentran tanto en Maceió como en otros sitios del estado de Alagoas.
Maceió, epicentro de la movida.
A unas 5 horas de vuelo desde Buenos Aires, entre Recife y Aracaju, se localiza esta franja de opciones a lo largo de 230 km. de playas para turistas exigentes. Comencemos por Maceió: si bien las playas más bellas están en las afueras, la ciudad ofrece otros atributos muy ponderables para palpar la cultura brasileña o directamente participar en ella. Quizás Jatiúca no sea el dechado de paraíso costero pero es donde se improvisan los partidos de fútbol al atardecer o donde se puede saborear una caipirinha en algunos de los múltiples bares que abren sus puertas sobre la playa, con ritmo de samba ad hoc. Buena manera de culminar el día disfrutando de la brisa que corre en esta zona de mar bravío y adeptos al footing, ciclistas o simples paseantes que toman la orla como su lugar.
Lindante a Jatiúca se localiza Ponta Verde, otro sitio muy animado, que se distingue por sus arrecifes que actúan como paredes contenedoras de las piscinas que se forman cuando la marea baja. Pero es en Pajuçara –la siguiente playa en dirección al centro- donde los arrecifes toman mayor protagonismo: es que desde allí parten las jangadas –unas embarcaciones autóctonas- que ponen proa hacia las piscinas.
Cuando cae el sol bien vale la pena una caminata por el barrio de Jaraguá, donde la bohemia dio paso al ambiente “cool”, los viejos almacenes devinieron en bares y las viviendas se convirtieron en restaurantes: así nació el epicentro de la movida nocturna. Pero en rigor de verdad el restaurante para conocer y dejarse tentar está fuera de esta área, en Jatiúca. Se trata de Wanchako, reconocido internacionalmente y nominado como el mejor en cocina peruana de Brasil. Si bien el argentino que visita Brasil se inclina más por las feijoadas, la caipirinha y los frutos tropicales, realmente vale la pena hacerse un espacio para una dieta peruana. La calidez en la atención –siempre merodean los dueños, un matrimonio simpático, él peruano, ella brasileña-, el estilo ecléctico de su decoración y los platos perfectamente presentados constituyen los motivos principales para dejarse tentar por este lugar.
Sabores más autóctonos, en cambio, se encuentran en Divina Gula, un restaurante más rústico, más populoso, pero con platos muy ricos y abundantes. Con origen en Minas Gerais, la comida no ahorra en proteínas ni calorías, pero para los días con hambre, hay que hacerse una escapada. El feijão tropeiro es uno de sus caballitos de batalla: consta de porotos y harina de mandioca en su base, al que se le puede agregar lengua, huevo, ajo y cebolla, etc. O Amostrado, con porciones de tutú a la mineira, frijol tropeiro, arroz de ajo, chorizo casero, costilla de cerdo, bife de pernil, cerdo, pollo con quiabo y farola de choclo con cebolla.
Para culminar la noche la discoteca Maikai es el lugar ideal, donde es habitual la presencia de conjuntos en vivo, mucho de forró –el baile típico nordestino-, algo de Ivete Sangalo –artista local que cautiva a multitudes con su simpatía y su ritmo- y un poco de tecno. La previa se hace en el bar que tiene la misma disco, saboreando una “cerveja gelada”, la bebida que acompaña la vida diaria de los brasileños.
Hacia el interior de Alagoas.
El camino que conduce hacia el sur del estado está bordeado por cocoteros y jalonado por lagunas que se abren al mar. El destino final de este derrotero es la playa de Gunga, nominada como una de las 10 mejores del país. De un lado el río São Miguel despliega una costa de aguas calmas, del otro despunta el mar de suave oleaje. Además de relajarse en este bello paraje se puede contratar un paseo en lancha para contemplar el paisaje.
A 15 minutos de viaje en auto aparece la playa Barra de São Miguel, enmarcada por casas de veraneo de los alagoanos y muy visitada por turistas. Como muchas otras, este sitio también posee arrecifes y, por lo tanto, piscinas naturales. Asimismo, desde allí es posible tomar un barco hasta Gunga.
Con una visión amplia de estos dos parajes, el hotel Gungaporanga es el sitio perfecto para quedarse en pareja, alejado de las grandes aglomeraciones y en busca de un poco de relax. Edificado sobre una barranca, el establecimiento rodea una piscina con borde estilo infinito. También cabe la posibilidad de quedarse a almorzar –con reserva previa- y deleitarse con un pollo servido con salsa de uvas.
Hacia el norte el destino que marca el final del estado de Alagoas es Maragogi, playa célebre y muy buscada, sobre todo por su infraestructura. Sin embargo, en el ínterin del viaje existen otros paraísos cercanos que merecen una visita. Paripueira, por ejemplo, ostenta 25 piscinas naturales para nadar y disfrutar. Más al norte se descubren refugios vírgenes como Carro Quebrado, un secreto bien guardado por la dificultad que implica acceder a estas playas. Habrá que atravesar el río Santo Antonio en balsa hasta la isla da Croa para luego toparse con este rincón considerado uno de los más bonitos de Brasil, aunque no posee infraestructura.
Para alojarse en la costa norte, entonces, el turista deberá afincarse en São Miguel dos Milagres, a 100 km. Maceió, en la pousada do Toque, un sitio muy exclusivo con una hermosa playa. Dicen que hasta allí llegan artistas y políticos locales para refugiarse en busca de tranquilidad. Lo cierto es que para ingresar hay que transitar un camino muy estrecho entre la vegetación cerrada.
La playa de aguas cristalinas y cálidas invita a realizar un paseo en barco para sumergirse en las piscinas naturales que se abren en medio del mar a unos 100 m. de la costa. Luego del paseo hay que saber que los frutos de mar son la especialidad de la casa: camarones, langosta, pulpo y pescados se despliegan en un gran plato con algunos frutos tropicales. Sabores únicos para una postal perfecta.
Un derrotero de lujo por Alagoas
Cómo llegar: una opción es volar con Gol, con conexión en San Pablo. La tarifa va desde US$ 399 por una estadía mínima de 3 días. Alquiler de auto: para recorrer estas playas existe la posibilidad de alquilar un auto con Nordeste Rent a Car, que tiene convenio con el hotel Ritz, desde 30 reales diarios.
Paseos: Aeroturismo es una empresa de turismo receptivo que ofrece una variedad de excursiones con vehículos modernos, sala VIP en el aeropuerto, traslados desde el aeropuerto y hasta la posibilidad del traslado en helicóptero a Gunga o São Miguel dos Milagros.
Precios de la comida: en Divina Gula varía entre 30 y 80 reales. En Pousada do Toque, 80 a 100 reales; al igual que en Wanchako. Lê Sururu Bistrot Nordestino, de 40 a 100 reales; en Gungaporanga, de 32 a 42 reales.
Alojamiento: hotel Ritz Lagoa da Anta: tarifa del 2 al 30 de enero, desde US$ 230 + 14% tasas en apartamento Premium Floor Standard, con desayuno buffet. Tarifa del 31 de enero al 28 de febrero desde US$ 210 + 14% tasas. Pousada do Toque: bungalows a partir de los 650 reales y hasta 1.500 por día. Gungaporanga: desde 538 reales para la alta con MAP. Noche: Maikai ofrece shows de miércoles a domingo. La entrada sale de 20 a 30 reales.
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