Muestra de arte en la ex ESMA

Dictadura militar: una mirada de las nuevas generaciones

Desde el 11 de diciembre, y hasta febrero, se presentará la exposición "La gorda Silvia", una instalación a cargo del artista y fotógrafo Ezequiel Yrurtia, quien hace foco en su historia personal como nieto de una abuela desaparecida durante la dictadura militar. La muestra -con entrada gratuita- tendrá lugar en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA).

Como parte de una búsqueda personal, y con la intención de poner en escena ante los ojos de las nuevas generaciones una parte de la historia nacional muy reciente como es la dictadura militar, el artista y fotógrafo Ezequiel Yrurtia concibió una muestra llamada “La gorda Silvia”, que se presentará del 11 de diciembre a las 15 hs., y hasta febrero, en el Museo Sitio de Memoria, Espacio Memoria y Derechos Humanos - ex ESMA (Av. del Libertador 8151).

El artista realizó una investigación y entrevistó a personas que conocieron a Alicia Raquel Delaporte, su abuela desaparecida, para ir hilvanando una historia que siempre resultará fragmentada, sesgada, ambigua, incluso contradictoria. Con esa información, Ezequiel Yrurtia, junto a un equipo conformado por Liliana Contreras (curadora); Flor Szwed, Beatriz Casado Fadrique y Morena Soria (colaboración artística); y Josefina Paz Moya (aporte teórico); ideó una instalación que tomará la forma de cubos en los que el espectador podrá asomarse y comenzar a armar ese entramado complejo que es la historia familiar del artista, pero que también es la nuestra como pueblo.

Fotos, audios, miniaturas, intervenciones forman parte de una muestra que consta de una segunda sala que aportará más detalles a una historia que a veces termina de configurar el propio espectador. Otras, solo despierta más interrogantes. Porque como dice Ezequiel: “Hoy estoy en paz y lleno de debates y discusiones imposibles para dar. Que creo que merece la pena dar, porque si la historia es un campo de batalla, hoy nosotros, los nietos, comenzamos a habitarla. Y nuestra voz, desde otro lugar, tiene mucho por desarrollar y proponer a esa memoria que grita Nunca Más, y sale a la calle cada vez que sea necesario para que se haga justicia por aquel sufrimiento que aún hoy, y desde lejos, heredamos.”

LA GORDA SILVIA: ALGO DE SU HISTORIA.

Alicia Raquel Delaporte tenía 33 años el 5 de julio de 1977 cuando se la llevaron. “Vinieron, tres camiones y dos patrulleros; llenaban sus listas como quien tacha orgulloso sus tareas del día. No prestaban atención, la mirada del pibe, la cara de aquella, que con miedo –y vaya uno a saber que más– iba señalando gente, con vergüenza, con miedo mirando al piso del camión por donde desfilaban los pies de aquellos que nunca más volverían…Y no, no volvieron, ya sea por un descuido o por algún gesto de joven soberbia…”, relata Ezequiel Yrurtia.

La historia se inicia aproximadamente en 1970, cuando Alicia comienza a militar en Montoneros. “Desde siempre mi padre Gonzalo Yrurtia (nacido en 1964) y mi tía Virginia (1966) siguieron a su madre en todas las etapas de su militancia, cambiaban de escuela seguido, habitaban en casas operativas y aprendieron a vivir en barrios muy distintos al burgués Vicente López al que estaban acostumbrados. Aprendieron la marcha peronista, y en el 76 aprendieron a callarla. Aprendieron a no decir sus propios nombres y llamar como a una desconocida a su propia madre. Aprendieron a limpiar y ordenar las armas que circulaban en la casa, y a llorar en silencio para no despertar sospechas”, continúa Ezequiel.

“Desde muy pequeño mi viejo me contaba estas historias, y yo intentaba entenderlas. Y así crecí sin recordarla del todo, sin entender esa extraña historia llena de amor y de odio a la vez. Donde la valentía del militante, que luchó por sus ideales, por sus hijos y por los hijos de sus hijos, debía convivir en la misma persona que arriesgaba a los mismos hijos por los que juró luchar.”

LA REINTERPRETACIÓN (fragmentos del artista).

“Mi trabajo es en esencia mi investigación, es simplemente las ganas insoportables de un nieto por conocer a su abuela. Teniendo la suerte de que aún estén con vida algunos de los que sí la conocieron, pude recopilar historias y opiniones sobre ella. Su imagen descripta por otros me permitió acercarme a su memoria, una memoria que se aferra a entender a las personas que ya no están, y que muchas veces no son tan simples y concretas como los hechos. Esto plantea entender a los individuos que habitaron la historia que queremos recordar, y por lo tanto plantea discusiones ambiguas, discusiones imposibles.

“Dejo que cada espectador haga su propio recorrido, su propia historia, su propia investigación con las ´pistas´ o pedacitos de información que se van dejando por ahí. En una suerte de haga su propia aventura, (o haga su propia memoria). Fue esto lo que experimenté al llevar a cabo esta investigación, acercarme a ella, sentirla cotidiana, darle materialidad y poder comenzar a entenderla para poder estar en paz con ella.”

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