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Buenos Aires: experiencias en el "lado B" de la gran ciudad

Más allá de los puntos turísticos tradicionales, Buenos Aires exhibe postales incómodas de asentamientos que ya no quieren ser invisibles.

Argentina fue y es un país de postales. El glaciar Perito Moreno, la quebrada de Humahuaca, las cataratas del Iguazú, la ruta del vino en Mendoza y Caminito en Buenos Aires, son algunos -entre muchos ejemplos- de esas postales que han hecho conocido al país en el mundo.

Pero en los últimos años un nuevo tipo de visitante empezó a buscar otro mapa. No el de los paisajes sublimes, sino el de los barrios que no aparecen en los folletos de viajes.

Lugares donde el asfalto se corta, donde las calles cambian de nombre según quién las pronuncie, donde el turismo no promete descanso sino miradas.

Argentina: el lado B del país

En los catálogos turísticos, Argentina suena siempre desde el lado A: glaciares, vinos, tango y montañas. Pero cada país tiene su contracara, y para entendidos del sonido el nuestro se graba en mono, con ruido de fondo, entre asentamientos y barrios invisibles.

Danubio Azul, Villa Esperanza, El Paraíso: nombres que funcionan como títulos de canciones que pocos programarían en la radio. Sin embargo, ahí está la melodía real: la que desafina, la que no entra en la pauta, la que cuenta lo que se quiso borrar.

Quizás el turismo de hoy, ese que entra al Barrio Mugica o a Dock Sud (partido de Avellaneda, a pasos de La Boca) no esté descubriendo nuevos destinos, sino escuchando la otra cara del disco nacional: ese lado B que como cualquier otro destino la Argentina no escapa.

La otra cara de Buenos Aires

El fenómeno tiene nombre: turismo comunitario urbano. En Buenos Aires dos experiencias marcan el camino: Turismo 31 y el Circuito Barrio Mugica, ambas surgidas en la ex Villa 31 de Retiro, uno de los barrios más antiguos y emblemáticos del país.

Turismo 31 propone recorridos guiados por los propios vecinos que cuentan la historia y el presente del barrio: su crecimiento, su organización y su cultura popular. Las paradas incluyen murales, iglesias, comedores, talleres textiles y espacios de arte. Los visitantes escuchan relatos en primera persona sobre cómo se levantaron las casas o cómo nacieron las cooperativas.

El tanto el Circuito Barrio Mugica amplía la mirada y se enfoca en la transformación física y simbólica del barrio. Recorre el Paseo del Bajo, la iglesia Cristo Obrero y los nuevos conjuntos habitacionales. La consigna es conocer, no consumir.

Ambas iniciativas, impulsadas por vecinos, organizaciones sociales y universidades con apoyo del Gobierno porteño, buscan romper el estigma y reivindicar el orgullo de pertenecer.

La ironía de un vals sobre el Riachuelo

En Dock Sud, uno de los territorios más contaminados del país, un asentamiento lleva un nombre que suena a poema: Danubio Azul. Allí no hay vals ni río transparente, sino la complejidad de zanjas, humo y la melodía industrial del polo petroquímico y su pluri actividad que engloba la portuaria.

Pero de tanto en tanto algún visitante lo recorre: estudiantes, periodistas, fotógrafos, viajeros principalmente franceses, llegan para ver de cerca esa Argentina invertida, donde el azul del nombre contrasta con las aguas del Riachuelo que por su composición es claramente oscura.

Buenos Aires - Puente Transbordador La Boca
El puente transbordador de La Boca (1014), declarado Monumento Histórico Nacional, un camino hacia Dock Sud.

El puente transbordador de La Boca (1014), declarado Monumento Histórico Nacional, un camino hacia Dock Sud.

Lo que antes era invisibilidad ahora se vuelve relato. No es turismo tradicional, pero es mirada social, un intento de entender la ciudad desde sus márgenes.

Danubio Azul sigue siendo, pensemos, un emblema involuntario de la paradoja argentina: un nombre importado de la Viena imperial, colgado sobre un paisaje de residuos industriales. Pero quizás como en la Villa 31 algún día el nombre deje de ser ironía para convertirse en símbolo de recuperación fruto de la relocalización.

En esos territorios donde el turismo comienza a mezclarse con la memoria y la resistencia, la belleza no está en lo que se ve, sino en lo que se revela.

El turismo que mira distinto

No es un fenómeno aislado, el turismo en barrios populares de Río de Janeiro es un ejemplo cercano, sin embargo, aquí en Argentina adopta un matiz propio: una pedagogía de la dignidad. No se trata de recorrer la pobreza como espectáculo, sino de acompañar a quienes la habitan en su transformación.

Retornando a los ejemplos brindados las visitas en estos barrios populares combinan caminatas y degustaciones gastronómicas elaboradas por sus mujeres en espacios comunitarios, entre otras tantas actividades culturales.

El visitante típico no es por lo general un turista extranjero con cámara, que los hay; es más frecuente un estudiante, un docente, un trabajador social. El viaje no es hacia lo exótico sino hacia lo cercano que fue ignorado, en algunos casos un desafío intra social de mirada crítica o externa y anecdótica respecto del fenómeno.

Experiencias entre la mirada y la herida

El riesgo que podría advertirse es la delgada línea entre la curiosidad y lo voyeur. No se trata de ver cómo vive la gente pobre, sino de entender por qué el Estado llegó tan tarde o directamente no llegó. Por tal motivo la consigna es escuchar más que mirar.

Aun así, hay algo profundamente simbólico en que un barrio antes oculto se vuelva destino. Porque cuando los vecinos se vuelven guías, dejan de ser objeto de relato para ser narradores de su propia historia.

Mario Mobilio
Mario Mobilio es abogado especialista en derecho público y consultor en políticas de infraestructura y transporte.

Mario Mobilio es abogado especialista en derecho público y consultor en políticas de infraestructura y transporte.

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