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México: poblados plenos de magia e historia

Los llamados "Pueblos Mágicos" son 32 enclaves que conservan un pasado vivo que se refleja en sus tradiciones, costumbres y en el conjunto edilicio. Aquí un salpicado de algunas ciudades más interesantes.
Los Pueblos Mágicos, algunas de las localidades más bellas de México, son poblaciones cuyo principal atractivo turístico radica en la magia y el encanto que todavía conservan en su arquitectura, gastronomía y fiestas, llenas de tradición, música y color.
Estos 32 pueblos forman parte de un programa creado por la Secretaría de Turismo de México como reconocimiento a quienes habitan esos lugares, y que han sabido guardar la riqueza cultural e histórica que encierran.
La mayoría se encuentran en el centro del país, con lo cual una buena opción es tomar a México DF como base para recorrer estos sitios fascinantes, como Parras en Coahuila; Camala en Colima; Huasca de Ocampo y Real del Monte en Hidalgo; Tepotzotlan y Valle de Bravo en el Estado de México; San Cristóbal de las Casas en Chiapas; Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende en Guanajuato; Mazamitla, Tapalpa y Tequila en Jalisco; Tepoztlán en Morelos; Mexcaltitan en Nayarit; Cuetzalan en Puebla; Bernal en Querétaro; Real de Catorce en San Luis Potosí; Cosala en Sinaloa; Alamos en Sonora; Izamal en Yucatán; Taxco en Guerrero; y Pátzcuaro y Tlalpujahua en Michoacán; entre otros.

Pantallazo.
• Valle de Bravo, Estado de México: este valle fue descubierto en 1432 por el rey azteca Axayacatl, y fue recién en 1861 la región adoptó el nombre de Valle de Bravo. A 145 km. de Ciudad de México se puede disfrutar de un singular rincón entre la alta montaña y las tierras bajas de Michoacán y Guerrero. El valle cuenta con un magnífico lago en el que se practica la navegación, el velerismo y el esquí acuático, además del vuelo en planeadores que parten desde la cima del cerro de la Cruz.
Al noreste se localiza La Peña, donde hay restos prehispánicos, y desde allí se puede ver toda la sierra. Siguiendo por los alrededores se visualizan las cascadas El Salto y Vuelo de Novia, y la reserva de Monte Alto, al oriente del pueblo y en lo alto de la montaña.
Incontables lugares se pueden visitar en las cercanías de este pueblo mágico: el Parque Nacional Bosencheve, la laguna del Carmen, el Parque Villa de Allende, y otros pueblos como Colorines, San Nicolás Tolentino y Nuevo Santo Tomas de los Plátanos.
San Cristóbal de las Casas, Chiapas: en el centro del estado de Chiapas, a 85 km. al este de Tuxtla Gutiérrez, la capital del estadual, San Cristóbal de las Casas es una ciudad muy antigua, creada por Diego Mazariegos en 1528, que se estructuró como centro de fe y justicia rodeado de barrios indígenas. Inicialmente se llamó Ciudad Real, y se ubicaba en el punto más alto del añejo Camino Real de Guatemala. Constituyó una de las primeras fronteras políticas entre el Virreinato de la Nueva España y la Capitanía General de Guatemala.
Hoy, San Cristóbal de las Casas es el centro de un valle de 72 km². A sus alrededores se encuentran San Juan Chamula, Zinacantan, Tenejapa, Oxchuc, Amatenango y Chenalho.
Para conocer este pueblo se puede empezar por recorrer la plaza central de San Cristóbal, que fue utilizada principalmente como mercado de trueques y espacio para ejecuciones públicas. La catedral, hermoso ejemplo del barroco toscano, y el pequeño templo dedicado a San Nicolás, son otros de los recorridos que valen la pena visitar en este mágico lugar. El conjunto se completa con la sede de los poderes de San Cristóbal -construida en 1881-, la Casa de Francisco Montejo, levantada a mediados del siglo XVI, la Casa de la Sirena y los Portales. También yace allí Santo Domingo de Guzmán, la más importante obra barroca de la región; el arco Torre del Carmen y el templo de la Merced.
Los museos plasman la cultura de este lugar: Na-Bolom, con su extraordinaria biblioteca sobre el mundo de los mayas; y el de Sergio Castro e Hijos, que atesora casi 100 trajes regionales.
Las fiestas son muy importantes en San Cristóbal de las Casas, sobre todo las de origen religioso, por eso cada barrio realiza su propia conmemoración. El Corpus, la Semana Santa, el Día de los Muertos, de Todos los Santos y la Feria de la Primavera y la Paz, son algunas de las más destacadas.
• San Miguel de Allende, Guanajuato: en la región central del país, a 92 km. al oeste de Guanajuato y a 276 km. al noroeste de la Ciudad de México, San Miguel de Guanajuato fue fundada en 1542 por el franciscano Juan de San Miguel, San Miguel de Allende conserva de la época de gloria novohispana el orgullo, pero también el aire transparente y el sol deslumbrante. Recorrer esta ciudad acerca a los viajeros hacia la tan desarrollada vida cultural. La arquitectura, la música, la pintura, la escultura y las danzas acompañan cada recoveco que alberga este valle rodeado de cerros y bosques.
Su exquisita arquitectura colonial es un claro ejemplo del eclecticismo artístico, que se revela en detalles ornamentales de estilo barroco y neoclásico en edificios como la parroquia de San Miguel Arcángel o el Oratorio de San Felipe Neri. Su legado histórico de la época de la Independencia queda manifiesto en señoriales casonas como la que alberga al Museo Casa Allende.
Las fiestas en San Miguel de Allende conservan una estrecha relación con las tradiciones de influencia española como la Sanmiguelada, que es muy parecida a la Pamplonada, que se celebra en septiembre como espectáculo central de las fiestas religiosas de San Miguel Arcángel.
• Tapalpa, Jalisco: al sur del estado de Jalisco y a 133 km. de Guadalajara, entre colinas, valles y barrancos se esconde Tapalpa, un pueblo que guarda en su entorno y sus rincones montones de sorpresas. Atardeceres y amaneceres de bruma, silencios, naturaleza y cultura. Durante la noche reina el silencio y se puede ver la gran porción de cielo estrellado.
Tapalpa tiene su historia entre señoríos, conquistas, evangelizaciones, guerras. Pero lo que hoy caracteriza a este pueblo es su naturaleza, su altura, su aire y su luz. Calles angostas y empedradas, y casas pintadas con techos de tejas permiten disfrutar de una cultura que quedó atrapada en el pasado. El mercado, el templo, la plaza central y la Casa de la Cultura son pasos obligados para los visitantes. Desde ahí se puede apreciar el nevado de Colima, imponente en el paisaje. El recorrido sigue por las presas de las Piedras y de El Nogal, las formaciones geológicas Las Piedrotas (o Valle de los Enigmas) y Los Frailes, culminando en Atemajac de Brizuela, un pueblo cercano.
• Tepoztlán, Morelos: ubicado a 21 km. de la ciudad de Cuernavaca, capital del estado de Morelos, se encuentra Tepoztlán, cuya raíz indígena es de las más arraigadas en suelo mexicano.
Dividido en ocho barrios, que respetan su orden colonial, Tepoztlán ofrece un recorrido por sus pintorescas calles empedradas, en las que se halla un importante conjunto conventual del siglo XVI, admás museos y numerosas tiendas que ofrecen todo tipo de artesanías y objetos esotéricos.
En este lugar, de abundante riqueza natural, inmediatamente se puede admirar la imponente figura del cerro del Tepozteco, en cuya cima hay una construcción de la época prehispánica. Muchos afirman que este lugar posee ciertas fuerzas energéticas, lo que provoca la afluencia de cientos de visitantes durante el llamado "Equinoccio de primavera". Desde allí arriba se puede admirar una de las vistas más impresionantes del valle. Sin embargo este paisaje tiene su contraparte en el recio y silencioso ex convento dominico de la Natividad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unexco. Esta obra arquitectónica -edificada por la Orden de los Dominicos entre los años de 1560 y 1570- fue dedicada a la Natividad de María.
En cualquier parte del año, el visitante puede deleitarse con una fiesta. Pero hay dos fechas en que todo el pueblo se entusiasma: el carnaval previo a Cuaresma, uno de los más famosos de México, y la Natividad de María en septiembre.
• Izamal, Yucatán: a 72 km. al este de Mérida, Izamal es considerada la ciudad más antigua de la península de Yucatán. Rodeada por cinco pirámides entre las colinas, es un verdadero paraíso místico que se levanta como un monumento de color, historia y orgullo. En sus calles reside el pasado prehispánico y colonial, que se combina con la vida actual de sus pobladores y visitantes.
El ex convento de San Antonio de Padua (construido en 1561 sobre un antiguo adoratorio maya) y el templo de la Purísima Concepción (que alberga a la Virgen de Izamal), son algunos de los monumentos más signivicativas que el viajero no puede dejar de visitar. También el templo de Itzalmatul, estancia de gobernadores y deidades; y la pirámide de Kabul y Papolchac. Otro de los lugares recomendados para visitar es el cenote X’colac, un lugar donde los antiguos mayas comían tortugas.
La música, la danza, las ofrendas y el rezo forman en mosaico multicolor que engalana y decora a la ciudad. En octubre todos los pobladores reciben al Cristo de Sitilpech y en diciembre celebran a la Virgen de Izamal.
• Taxco, Guerrero: "la capital mexicana de la plata" se ubica en la región sur del país, a 138 km. al norte de Chilpancingo, la capital del estado de Guerrero, y a 151 km. al sur de la Ciudad de México.
Este destino ofrece el mágico encanto de sus calles empedradas, sus edificios coloniales y sus casas de paredes blancas con techos de teja roja. Entre su patrimonio se destacan la Catedral de Santa Prisca, uno de ejemplos más representativos de la arquitectura barroca en México; y las casas Humboldt y Borda, así como los museos de Arte Virreinal y de la Platería, donde se podrá admirar objetos.
En los alrededores se encuentran escenarios naturales únicos como las grutas de Cacahuamilpa, ideales para practicar el espeleísmo o el Parque Nacional Alejandro Humboldt, con bosques de pino y encino.
• Pátzcuaro, Michoacán: a 50 km. al sudoeste de Morelia, Pátzcuaro refleja una imagen bucólica, con sus magníficas construcciones de adobe y teja; que contrasta con el vivo ambiente que se observa en los alrededores de la plaza Vasco de Quiroga, importante centro de la actividad comercial de la urbe.
En el conjunto es imprescindible visitar la Casa de los Once Patios, donde se encuentran numerosas artesanías que son ejemplo de la habilidad del pueblo purépecha, como las esculturas de pasta de caña de maíz o los trabajos en madera laqueada que distinguen a la región.
En los alrededores se despliega una de las regiones más fértiles de México, regada por el lago de Pátzcuaro, lugar donde las fiestas y costumbres de la cultura purépecha tienen mayor arraigue, como lo demuestran sus coloridas celebraciones.
En la ribera se pueden visitar las zonas arqueológicas de Ihuatzio y Tzintzutzan, notables testimonios del pasado indígena de Michoacán, además de saborear las deliciosas muestras del arte culinario de la región, como los tradicionales tamales rellenos de pescado blanco y la gran variedad de atoles y bebidas hechas a base de maíz.

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