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Invierno, un tiempo de vacaciones en Brasil

Pensar en vacaciones por vía terrestre a Brasil es algo inusual y aventurero, pero los trayectos escogidos permiten descubrir recorridos alternativos y crear viajes accesibles, propios y personalizados.

Cuando el aire se embriaga de ocres y el calendario se confabula proponiendo vacaciones invernales, el policromático Brasil sugiere cuatro itinerarios por senderos poco comunes para conocer la cultura y el arte, un turismo asequible a la hora de planificar la salida.
“Se trata de recorridos con elementos de convergencia en la cronología de los pueblos que conforman el Mercosur, sus raíces comunes y el punto de partida para ahondar en los acontecimientos que nos unen”, señaló Ricardo Barros, segundo secretario y jefe del sector Turismo de la Embajada de Brasil, quien agregó: “Si bien los destinos están diagramados para realizarse por vía terrestre, la conexión aérea es importante y muy buena”.
Montañas, etnias, ríos, folclore, cañadones, historia, codicia, tradición, naturaleza, libertad... puntos referenciales para conocer y atesorar.


Porto Alegre, Gramado y Canela.
Ubicada en un fascinante anfiteatro a orillas del río Guaíba, la capital de Rio Grande do Sul comenzó a ser ocupada en el siglo XVIII por hacendados portugueses.
Hoy, Porto Alegre es un buen destino para familias, jóvenes y mieleros que –desde junio hasta septiembre- llegan para disfrutar una vasta oferta multicultural, con museos interactivos, encantos naturales –como la puesta de sol en el río Guaíba-, una excitante vida nocturna en el barrio Molinos de Vento y buenas compras.
Así, los edificios históricos del centro de la ciudad son un fuerte atractivo: el Mercado Público o el Museo de Ciencias y Tecnología, la Casa de la Cultura “Mário Quintana”, la Plaza da Matriz, la Usina do Gasômetro, el Jardín Botánico, el Morro do Osso, y los parques Farroupilha y Estatal Delta do Jacuí, saben captar la atención.
Pero la región tiene un cautivador hechizo: la Serra Gaúcha, donde la cultura europea, su gastronomía y arte crean una ruta llena de calor humano.
Planificar un viaje a las montañas para disfrutar un gustoso chocolate, estufas a leña y fondees, y paisajes serranos hasta recalar en Gramado y Canela -la “Región de las Hortensias”-, es como penetrar en un minimundo de cuentos.
A lo largo del camino de los troperos muchos puestos dieron origen a nuevas ciudades. Entre los puntos de descanso de las tropillas pocos resultarían tan apacibles como la planicie de donde surgiría Gramado, lugar que en la década del ’30 -gracias al saludable clima y a las muchas cascadas- surgieron las primeras casas de veraneo, convirtiéndose en un enclave con aires europeos y tradiciones tropicales.
Allí, el viajero podrá encontrar atracciones lugareñas, festivales y shows, pero también recorrer los itinerarios rurales: Linha Bonita, Linha Nova, San Roque, Pedras Brancas y Linha 28, el Parque Knorr, las cascada dos Narcisos, el lago Negro y el Mirante do Belvedere.
En el extremo sur de la Serra Geral –a 8 km. del municipio anterior-, Canela también entró a formar parte de la ruta de los troperos que descansaban bajo la sombra de un enorme árbol que dio nombre al lugar.
Sus densas florestas y los atractivos naturales sedujeron a los turistas que no dejan de visitar la cascada do Caracol, la Floresta Nacional de Ibama, los parques de las sequoias, la Foresta Encantada, Trilha das Cascatas (Marmeleiro y dos Mentz, como así también los cerros Queimado, Dedão y Pelado.

En ambas ciudades, las atracciones incluyen deportes de aventura, caminatas y shows, entre otras actividades.

Río de Janeiro – Petrópolis.
Si bien Río se resume como lo muestran sus postales, en el Pan de Azúcar o el Cristo Redentor, existen otros destinos para descubrir.
Montañas y patrimonios históricos, regiones con ciudades deslumbrantes como la zona verde imperial, en la sierra fluminense.
Y Petrópolis, antigua capital invernal en tiempos del Imperio, ofrece programas dignos de la realeza.
A la San Petersburgo de Brasil, sus museos, castillos y jardines le confieren un trazo distintivo, transportando al turista al tiempo de la monarquía del siglo XIX, entre las preservadas construcciones.
Tan solo a 40 minutos de Río de Janeiro, este destino -como pocos- brinda al viajero un tour de atracciones que comienzan bien temprano con shows de música popular en el Palacio de Cristal, para dirigirse más tarde al Museo Imperial, antiguo solar de Pedro II, donde se ofrece un espectáculo de luz y sonido y se pueden apreciar tesoros y raras particularidades de la historia real.
Las mansiones neoclásicas de barones, vizcondes y condes, la encantadora arquitectura y los puntos turísticos se resumen en el Parque Cremerie, los palacios Quitandinha y Rio Negro, la catedral de San Pedro de Alcántara e iglesias, las casas de Santos Dumont, Barão de Mauá, la princesa Isabel y Petrópolis, o el Museo de los Colonos.
Pero hay más, Itaipava ofrece vida nocturna; y Araras, el valle de Cuiabá y Pedro do Rio son lugares para parejas en busca de sosiego.

Y, para encontrarse con la naturaleza nada mejor que el Parque Nacional de la Sierra dos Órgãos. Conocer Véu da Noiva donde se practica rapel y cascading; la Piedra do Açu desde donde se observa la bahía de Guanabara, el Dedo de Dios y la Piedra do Sino... y practicar mountain bike, cabalgatas, paseos en jeep o travesías ecológicas por las sendas Caminho do Imperador o la Estrada Imperial (que une Petrópolis con Pati do Alferes), Pico Alcobaça, Cortiço, Retiro, Cerneiro (vista de Teresópolis y Petrópolis).

En resumen, un destino serrano con variedad de encantos, buena hotelería y gastronomía.

San Pablo - Campos do Jordão
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San Pablo -metrópolis global- siempre ha sido un entrecruzamiento de pueblos, de culturas, de etnias, pero sobre todo de caminos. Mucho antes que los jesuitas fundaran la ciudad, senderos indígenas marcaban la comarca, una zona clave que -con el paso del tiempo- sigue siendo estratégica geográficamente, atributo que le permitió desarrollarse y brindar al turista encantos en cada rincón.
Capital latinoamericana de eventos, donde el buen gusto y la sofisticación se dan cita, y la historia preserva y abraza al ayer y al futuro, la superlativa ciudad es rica en manifestaciones artísticas y relaciones humanas.
Pero más allá, a escasos kilómetros se encuentra la “Suiza brasileña”, como se conoce a Campos do Jordão, ideal para estas próximas vacaciones.
Las matas vírgenes de la sierra de Mantiqueira atrajeron a los buscadores de oro que, en el siglo XVIII, se asentaron en la región, municipio que se afirmó en el siglo XX cuando –seducidos por el buen clima y la pureza del aire- quienes padecían de problemas de salud llegaban en busca de sanación.
Hoy, los viajeros encuentran una buena oferta turística, principalmente en julio con el desarrollo del Festival Internacional de Música Clásica, en el auditorio “Claudio Santoro”, contiguo al Museo “Felicia Leirner” con esculturas al aire libre.
Pero Campos do Jordão es más porque atesora más: ecoturismo, alojamiento en establecimientos con cierto hechizo europeo y gastronomía de primer nivel en restaurantes de reconocimiento internacional.
Campos también es la cervecería Baden Baden y la Villa Capivari, y los paseos que brinda el ferrocarril que cruza la sierra de Mantiqueira, en el tramo más alto de Brasil (1.700 m.), y que se dirige a Santo Antônio do Pinhal, a 20 km. de distancia, que cuenta con un mirador que permite apreciar el paisaje del valle de Paraíba.
La ciudad está dividida en tres villas principales: Capivari, la más buscada por los turistas, conocida por su arquitectura de estilo alpino, agitada vida nocturna y buenos restaurantes y bares, y desde donde parte un teleférico que llega hasta la cumbre del monte del Elefante; Jaguaribe y La Bernéssia, centro comercial de Campos, con su principal atracción en la carretera de hierro.
A sólo 13 km. de Capivari está el huerto forestal más antiguo del país, un área de más de 8.000 ha. que posee una enorme reserva de pinos y preserva diversas especies de animales.
Asimismo, quienes gustan del deporte de aventura, cascadas, cabalgatas, escalada, rafting y mountain bike, trekking y el vuelo libre encuentra en Campos do Jordão una amplia oferta, como así también atracciones culturales, termas, hoteles de campo y compras.
Lugares para visitar: iglesias Central y San Benedito; Monasterio Beneditino; Palacio-Museo Boa Vista; parques ecoturísticos Pedra do Baú, de los Lagos y Ema Suzana Schmidt; bosque del Silencio; gruta dos Crioulos; y los picos Itapeva y Agudo, entre otros.
La floresta de Araucaria domina la región y el pino es la tarjeta postal de Campos do Jordão.

Minas Gerais, con Belo Horizonte y Ouro Preto.

Para completar el cuadro, la ruta a tener en cuenta y agendar es
Minas, una invitación a respirar el aire romántico de ciudades históricas, y un museo a cielo abierto ya que posee el mayor número de patrimonios inscriptos por la Unesco, en Brasil.
Crisol de razas, culturas y credos, Minas Gerais adquirió una característica definida y particular que -sumando las bellezas naturales indiscutibles- la convierten en un legítimo polo de atracción.
Su capital, Belo Horizonte, rodeada por la sierra del Curral, es la primera ciudad planeada del país, mezcla de tradición y modernidad, legado histórico, con caserones de estilo colonial, iglesias barrocas y mucho por vivir.
Digna de ser recorrida palmo a palmo admirando la arquitectura manifiesta en el Conjunto de la Plaza de la Libertad; o en la región de Pampulha, construida alrededor de una laguna urbana y que lleva las firmas de Niemeyer, Marx, Portinari, Ceschiatti, Zamoyski y Pedrosa, entre otros, la cual guarda secretos para todos los gustos.
Visitar los museos de Arte de Pampulha (MAP), Histórico “Abílio Barreto”, Mineralogía, Historia Natural de la Pontificia Universidad Católica, de Artes y Oficios, el Jardín Botánico, o transitar la Estrada Real, aquel camino que –hace más de 300 años- se abriera para comunicar el litoral brasileño con el interior de Minas, lo convierte en uno de los más atrayentes e interesantes circuitos turísticos del país.
Pero el turista tiene para comprobar la vívida y actual movida artístico-cultural en el “Palácio das Artes”, la Serraria Souza Pinto, todo un regalo para no perder.
Y a 95 km. al sur se encuentra Ouro Preto, aquella antigua Villa Rica con sus laderas interminables y el mayor conjunto arquitectónico del barroco brasileño digno de fotografiar, ya que impresiona con su bello y homogéneo conjunto edilicio, un verdadero templo de tradición y cultura minera.
Una óptima idea es visitar el Museo de la Inconfidencia, una imponente estructura edilicia del siglo XVIII.
Pero, a pesar de ostentar la mayor parte del intenso flujo turístico enfocado en sus construcciones y la historia, el municipio posee un rico y variado ecosistema en su entorno, con cascadas, senderos y una enorme área de bosque nativo que cuenta con la protección del sistema brasileño de parques nacionales; el más reciente de estos cercano al distrito de San Bartolomé.
También son dignos de caminar el Parque Estatal do Itacolomi y el Municipal de la Cascada de las Golondrinas.
La misteriosa atmósfera que envuelve al lugar lo convierte en un destino anual donde poder conocer y recorrer la Casa dos Contos (1782) y el Palacio de las Autoridades; las iglesias: Do Padre Faria ou Nossa Senhora do Rosario dos Brancos (1701), Matriz de Nossa Senhora do Pilar (1711), San Francisco de Asís (1765), Matriz de Nossa Senhora do Concepción (1727), do Carmo (1766); los museos: do Oratório, de Arte Sacra, y de Ciencia y Técnica.
Ouro Preto también se destaca por la actividad cultural. Todos los años, en julio se celebra el Festival de Invierno de Ouro Preto y Mariana y el Fórum de las Artes; y en noviembre el Fórum de las Letras, además de un largo listado de actividades.
Restaurantes, bares, discotecas. Deportes, aventura, caminatas, trekking, y un sinfín de villas para recorrer y conocer su impronta.
Un Brasil autóctono y vivo, histórico y veraz que se suma a la oferta vacacional de invierno. Todo un mundo diferente para un tiempo distinto pero relajado a la vez.

DATOS UTILES

Porto Alegre, Gramado y Canela.

Desde Uruguayana (o de Colón a Paysandú hasta Rivera y/o la brasileña Santana do Livramento) tomar la ruta BR 290 hasta Porto Alegre, empalmando la BR 116 y luego la RS 235 que lleva a Gramado y Canela.

Río de Janeiro - Petrópolis.
Desde Colón a Paysandú hasta Rivera y/o la brasileña Santana do Livramento tomar las rutas BR 158 y la 290 hasta Porto Alegre, empalmando la BR 101, luego la 116 y nuevamente la 101 hasta Río de Janeiro y desde acá la carretera BR 040 hasta Petrópolis.Para hacerlo desde Belo Horizonte, la ruta BR 040; y desde Salvador, las rutas BR 101, 324, 116, 393 o la 040.

San Pablo - Campos do Jordão.
Desde Foz do Iguaçu tomar la ruta BR 277 para empalmar la BR 116 hasta San Pablo (SP 60), de allí salir por la SP 70 hasta llegar a la SP 123 que lleva a Campos do Jordão.

Minas Gerais con Belo Horizonte y Ouro Preto.
Desde Belo Horizonte seguir por la BR 040 durante 36 km. y luego tomar las BR 356 hasta Ouro Preto.

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