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Vacaciones: de la Costa Atlántica a la Patagonia cómo es la ruta de los faros argentinos

Una ruta a través de los faros argentinos que permite recorrer desde la Costa Atlántica y hasta la Patagonia entre médanos, acantilados, historias de naufragios.

En pocas palabras

  • Ruta de faros: Se presenta un recorrido por los faros argentinos, conectando la Costa Atlántica y la Patagonia.
  • Patrimonio y paisajes: Los faros ofrecen historias de naufragios, paisajes costeros y arquitectura marítima singular.
  • Acceso y experiencia: Algunos faros son accesibles y se integran en rutas turísticas, sumando valor a las vacaciones.
Resumen generado por Thinkindot AI

Si planeas vacaciones en Argentina tenés que conocer esta historia. Hace casi treinta años, una fotografía tomada casi por casualidad en Tierra del Fuego puso a Florian von der Fecht tras la pista de los faros argentinos. Desde entonces, estas construcciones aparecen primero en sus viajes y, con el tiempo, se transformaron en destinos buscados por su historia y paisajes.

Seguir esas torres permite imaginar una ruta diferente por Argentina. Hay faros entre médanos, sobre acantilados, en desembocaduras, cabos e islas. Algunos todavía orientan a los navegantes; otros perdieron su función original. Muchos, sin embargo, conservan algo en común: invitan a detenerse frente al mar y mirar el territorio desde otra perspectiva.

Vacaciones: Faros argentinos entre viajes y paisajes

Los faros fueron construidos en puntos donde necesitaban ser vistos desde lejos. Por eso aparecen en algunos de los escenarios más abiertos de la geografía costera argentina: cabos, islas, desembocaduras y extremos de costa donde el horizonte ocupa buena parte del paisaje.

Durante generaciones, además, cada uno tuvo su propio lenguaje. La secuencia de luces permitía identificarlo desde el mar y conocer la posición de la embarcación. La tecnología simplificó la navegación y ese sistema perdió parte de su protagonismo, aunque varios faros continúan operativos.

Otros quedaron fuera de servicio, pero permanecen como piezas de arquitectura y patrimonio marítimo. Detrás de sus torres también aparecen historias de fareros, familias que vivieron en lugares aislados, antiguas escuelas, naufragios y poblados que crecieron alrededor de esos puntos de referencia.

Para quienes viajan por la costa argentina, ese patrimonio puede funcionar hoy como una excusa para desviarse de las rutas habituales. En muchos casos, llegar al faro implica atravesar médanos, caminos rurales o extensiones prácticamente sin construcciones, donde la experiencia comienza bastante antes de alcanzar la torre.

Villa Gesell y el Faro Querandí entre médanos

Al sur de Villa Gesell, después de dejar atrás Mar Azul, el paisaje comienza a cambiar. Entre playa, médanos y vegetación baja aparece el Faro Querandí, una torre blanca y negra de 54 metros que forma parte de uno de los escenarios naturales más singulares de esta zona de la Costa Atlántica.

Su construcción comenzó en 1921, cuando Villa Gesell todavía no existía, y entró en servicio el 27 de octubre de 1922. Durante años fue una presencia aislada en una costa dominada por los médanos y el movimiento permanente de la arena.

Para contener ese avance fue necesario forestar el entorno. Hoy el área forma parte de la Reserva Natural Faro Querandí, donde el faro continúa funcionando como uno de los principales hitos del paisaje.

Llegar hasta lo alto supone subir 276 escalones. Desde allí, las referencias urbanas prácticamente desaparecen y la vista queda dominada por los médanos, la línea de costa y el Atlántico. El recorrido suma así una alternativa a las escapadas tradicionales por Villa Gesell y sus localidades vecinas.

Un recorrido por los más impactantes faros de Argentina

Un recorrido por los más impactantes faros de Argentina

Patagonia: Río Negro y uno de los faros históricos de Argentina

Cerca de El Cóndor, el Faro Río Negro propone una experiencia completamente diferente. Su torre blanca mide apenas 16,5 metros, pero se encuentra sobre los acantilados próximos a la desembocadura del río, por lo que su luz queda ubicada a más de 40 metros sobre el nivel del mar.

Fue encendido el 25 de mayo de 1887 y es el faro continental en servicio más antiguo del país. Su construcción tuvo como objetivo señalizar una desembocadura compleja en momentos en que el río constituía una importante vía de acceso hacia Carmen de Patagones y Viedma.

A lo largo de su historia atravesó distintas tecnologías: primero utilizó aceite, después querosén y acetileno, hasta llegar a los sistemas actuales. Más de un siglo después de su inauguración, continúa formando parte del paisaje costero rionegrino.

El faro puede convertirse además en punto de partida de un recorrido más extenso. Desde El Cóndor comienza la Ruta Provincial 1, que avanza entre pueblos, acantilados y colonias de loros barranqueros hasta San Antonio Este. Allí aparece otro de los hitos marítimos de la provincia: el Faro San Matías, encendido en 1924.

Cada faro es una experiencia distinta para desandar en tus vacaciones por la rutas argentinas

Cada faro es una experiencia distinta para desandar en tus vacaciones por la rutas argentinas

Punta Delgada y la memoria de Península Valdés

En el extremo sudeste de Península Valdés, Punta Delgada conserva una de las historias más particulares entre los faros argentinos. La torre se levanta frente al Atlántico desde 1905 y su construcción fue también una pequeña hazaña logística.

Los materiales llegaron desde Buenos Aires por barco hasta Puerto Pirámides y desde allí continuaron en carreta. El aislamiento del lugar hizo que alrededor del faro se formara un pequeño poblado con escuela de fareros, posta de Correos y Telégrafos, casino de suboficiales y viviendas para las familias de los marinos encargados de las balizas de la zona.

Cuando la automatización redujo la necesidad de mantener personal permanente, aquellos edificios quedaron vacíos. Sin embargo, Punta Delgada encontró una segunda vida a mediados de la década de 1980, cuando parte de las antiguas construcciones se transformaron en un hotel de campo.

Durante más de treinta años fue posible alojarse en la vieja escuela de fareros y comer en el restaurante instalado en la antigua posta. Esa etapa terminó en 2019, cuando el establecimiento cerró y el lugar dejó de recibir visitantes.

El faro continúa operativo bajo responsabilidad del Servicio de Hidrografía Naval, mientras el área integra una Reserva Natural de la Defensa. Las construcciones que funcionaron como hotel permanecen cerradas y esperan un nuevo destino.

Vacaciones: cómo sumar faros a un viaje por Argentina

No todos los faros son accesibles ni pueden incorporarse fácilmente a un itinerario turístico. Sin embargo, varios permiten diseñar recorridos diferentes por la costa argentina cuando las condiciones del camino y los permisos lo hacen posible.

Lihué Expediciones, empresa que diseña viajes a medida por Argentina desde 1988, incorpora algunos de estos puntos dentro de sus hojas de ruta. Entre las posibilidades aparecen atravesar los médanos hasta el Faro Querandí, comenzar en El Cóndor un recorrido por la costa rionegrina o desviarse en Tierra del Fuego hacia Cabo San Pablo.

Más al sur, otro punto posible es el Faro de Cabo Vírgenes, ubicado en Santa Cruz, dentro de la Estancia Monte Dinero y muy cerca del kilómetro 0 de la Ruta 40.

Cada uno implica una experiencia distinta. En algunos casos se llega por caminos relativamente sencillos y en otros hay que atravesar campos, pedir permisos, considerar las mareas o recorrer largos trayectos por zonas aisladas.

Ese acceso, muchas veces, forma parte del atractivo. El faro no aparece como un monumento separado del entorno: es el punto final de un recorrido en el que pesan tanto la torre como el paisaje que la rodea.

Florian von der Fecht y una colección de casi 30 años

El origen de esta particular cartografía fotográfica está en Cabo San Pablo, Tierra del Fuego. A fines de los años noventa, Florian von der Fecht viajó hasta allí para fotografiar al Desdémona, un barco encallado desde 1985 frente a la costa.

Mientras buscaba el mejor ángulo encontró sobre el cabo una torre abandonada e inclinada desde el terremoto de 1949. Acampó cerca, esperó la luz y terminó regresando con dos fotografías: la del barco que había ido a buscar y la de un faro que no estaba en sus planes.

Primero los fotografiaba cuando aparecían; después empezó a buscarlos. Consultó cartas náuticas, recurrió al Servicio de Hidrografía Naval, modificó recorridos y esperó mareas o condiciones de luz. Siempre que puede, busca pasar la noche cerca de los faros para aprovechar el amanecer y el atardecer.

Parte de ese trabajo aparece ahora en la edición número 34 de su calendario, Faros, Argentina 2027, que reúne 14 faros con fotografías e historias. Como novedad, incorpora códigos QR que permiten acceder a más información e imágenes de cada lugar.

Todavía quedan faros por fotografiar y otros a los que espera regresar. El trabajo podría convertirse algún día en un libro, mientras continúa construyendo un archivo visual de estas estructuras que durante más de un siglo ayudaron a los navegantes a encontrar su rumbo.

Hoy, cuando muchos de ellos ya no cumplen el mismo papel en la navegación, los viajes pueden aportarles otro sentido. Visitar los faros, conocer su historia y valorar los paisajes que los rodean también puede contribuir a mantener vivo un legado marítimo que forma parte de la costa argentina.

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