VIAJES EN PANDEMIA

"Si hice el PCR antes de viajar, ¿por qué hacer otro test en Ezeiza?"

La experiencia de viajar en pandemia: reinan los controles precarios, la desinformación y la falta de empatía de gobiernos y empresas.

“¿Para qué me pidieron el test PCR para viajar desde España si ahora tengo que volver a hacerme otro test?”. La inquisición con molestia proviene de un joven de jogging gris que ha pasado sus últimas doce horas en el vuelo Madrid-Buenos Aires y se encuentra con la novedad del engorroso trámite de la prueba de antígenos en el aeropuerto de Ezeiza.

El destinatario de la pregunta es el muchacho que organiza la entrada de los pasajeros a los boxes montados por Stamboulian a la salida del control de aduana. Su respuesta es inexacta, pero poco importa. De todos modos no habrá palabras que hagan frente a los cuestionamientos, resoplidos, quejas en voz baja y en voz alta, a gritos incluso, de los pasajeros más fastidiados.

La era paperless

Viajar siempre implicó una serie de trámites más o menos engorrosos. Con la llegada del Covid-19 y el posterior intento de restablecer cierta afluencia de tráfico aéreo, los pasos previos a embarcar en el aeropuerto hacia un destino internacional se han decuplicado. Y nadie te lo hace más fácil.

La modalidad paperless o “verde” (en una acepción amplísima) quiere dejar atrás los formularios en papel en pos de la mentada asepsia de la era online. ¿Cuál es la diferencia entre completar un trámite a bordo de un avión, a través de un formulario facilitado por la tripulación antes de llegar a destino, con respecto al requisito sine que non de registrarse en un sitio web y completarlo con anticipación de manera online antes de viajar? Ya lo veremos.

Previo a viajar a Madrid para cubrir la Feria Internacional de Turismo, me realicé un test PCR en Argentina, completé con anticipación el trámite requerido por España en calidad de declaración jurada, y hasta tramité un salvoconducto (palabra que parece remitir a tiempos del Medioevo) autorizado por el Gobierno español para exceptuarme de la cuarentena obligatoria. Todos los documentos fueron metódicamente suscriptos de manera online antes de llegar al aeropuerto.

Me llevé una sorpresa, para bien o para mal, cuando a bordo del avión hacia Madrid nos ofrecían completar la declaración jurada mediante el vetusto sistema de escritura tradicional, esto es, con papel y tinta oficiando de soporte. Claro que nadie nos hubo informado antes de esa posibilidad.

Posibilidad totalmente lógica, por otro lado, teniendo en cuenta apenas algunas cuestiones de sentido común: 1) No todos los pasajeros, especialmente los mayores, manejan las herramientas web como para valerse por sí mismos en ese caso; 2) A cualquier pasajero, en medio de un vuelo transoceánico, se le puede agotar la batería de su celular que contiene toda la documentación de presentación obligatoria. Los más precavidos solemos imprimir, pero esto solo agrega un paso extra a los ya tantos que debemos dar. Por cierto que en el vuelo de Iberia no funcionaban los cargadores USB.

Ergo, sería más sencillo –para los pasajeros, claro está– que todos completemos el formulario llegando al aeropuerto de destino.

Lamentablemente, los controles gubernamentales en el aeropuerto no empatizan con las necesidades de los viajeros, ni siquiera en un mundo donde, pandemia mediante, todo es mucho más estresante.

Controles fuera de control en el aeropuerto

Regreso de Madrid, aeropuerto de Barajas. El vuelo saldrá rumbo a Ezeiza a las 2.55 de la madrugada. Nuevamente había hecho mis deberes para entrar en Argentina, cumpliendo de manera online con el combo “Pruebas PCR + Check in online + Declaración Jurada” (la DD.JJ. exige conocer tu asiento a bordo; sin check in previo, no sería posible contestar con sinceridad). Por mi parte, todo resuelto.

En el párrafo previo, adrede, he mencionado lo que es un aspecto clave en este entuerto: la sinceridad. El comprobante de test de PCR, tanto aquí como allá, es apenas un archivo PDF emitido por una institución sanitaria teóricamente idónea, donde figura la palabra tan anhelada: “Negativo”. Pero con los controles actuales, no hay nada que impida fraguar este documento: no hay lectura de códigos QR ni de barras, ni un entrecruzamiento de datos que permita distinguir la fiabilidad del sitio de testeo. Solo vale el visto bueno del personal de check in de cada aerolínea en el aeropuerto, cuyo nivel de exigencia puede variar de individuo a individuo.

Valga un ejemplo. En el tramo final de la fila hacia los puestos de check in en el aeropuerto, me encuentro con que dos adultos mayores discutían con la asistente de Iberia. Ninguno de ellos había realizado la Declaración Jurada exigida por Argentina. “Los mayores de 70 años estamos exentos”, blandía el señor. Ni hablar, esgrimía la empleada: sin trámite no pueden embarcar.

En un intento por ayudar a que puedan viajar, los chisteo para comentarles una posible solución: quizás cupiera la posibilidad de completar el formulario en papel, incluso a bordo del avión (sí, como en los buenos viejos tiempos... ¡O como en mi reciente vuelo de Buenos Aires a Madrid!). No hubo caso: esa opción no estaba contemplada y la negativa del personal del aeropuerto seguía siendo tajante.

En medio de mi propio check in y despacho de equipaje antes de viajar, se me acerca el septuagenario señor y me dice: “¿Vos no me podrás hacer el trámite?”. Un rápido repaso mental me dio la respuesta: no hay nada que impida que un tercero, sea quien fuere, complete esta Declaración Jurada en nombre de otro. Ni la necesidad de una firma. La vulnerabilidad del sistema volvía a mostrar unas encías desdentadas que contrastaba con los colmillos filosos de la asistente de Iberia.

“Lo que pasa es que justo nos tocó una hija de p…”, me comentaba Jorge mientras yo iba rellenando, con celular y conexión a Internet, todos los ítems de la DD.JJ. de él y de su esposa tan verazmente como fuese posible. Cuando el trámite pedía adjuntar un archivo con las pruebas PCR, atiné a tomar una foto del papel impreso con el resultado negativo que tenía el buen hombre. Imposible: el formulario no admite archivos JPG. A contrarreloj, la segunda mejor opción fue cargar un archivo PDF cualquiera –probablemente alguna gacetilla de prensa– para completar el trámite. Con eso, Jorge y su mujer pudieron viajar.

Apostilla 1: vale indicar que la página web del Ministerio del Interior indica sin lugar a confusión que los mayores de 70 años no están obligados a completar el formulario de manera online (no es materia de análisis de este texto interpretar la amplia diferencia entre un exento ciudadano sénior de 70 años y un joven nativodigital de apenas 69).

Apostilla 2: a bordo del avión la tripulación repartió formularios de Declaración Jurada en papel.

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No todos los empleados de las aerolíneas están al tanto de las exigencias de cada país.

No todos los empleados de las aerolíneas están al tanto de las exigencias de cada país.

Entonces, ¿por qué me piden otro test al llegar?

La cantidad de exigencias antes de viajar de regreso al país chocan con la poca consistencia de los controles. Sanitariamente hablando, hasta ahora la responsabilidad de hacer todo “como corresponde” sigue pasando por lo individual más que por el rol preventivo/auditor/represivo del Estado. Así, la sensación de que esta batería de trámites está fundada básicamente en caprichos gubernamentales puede cundir entre los pasajeros que reingresan al país.

En el caso de Argentina, la sospecha y el descontento encuentran su ápice en el aeropuerto de Ezeiza. Todos quienes volvemos a Buenos Aires nos hicimos, apenas horas atrás, un test PCR que en principio garantiza nuestro buen estado de salud, o al menos la ausencia del famoso Covid-19 en nuestro organismo. Y ahora tenemos que someternos a una nueva prueba, de antígenos en este caso, con la demora que implica (aproximadamente un hora y cuarto) y asumiendo su costo.

Los $ 2.500 parecen una oferta de Hot Sale frente a los cerca de 100 euros que cada uno de nosotros debió desembolsar en España, antes de viajar, por pedido del Gobierno argentino, solo para presentar un papel (o un PDF) que ahora mismo a ojos de Migraciones, ya no sirve más. Ese gasto aparentemente inútil duele en cualquier bolsillo. El fastidio en el aeropuerto tiene entonces sus múltiples explicaciones.

Entonces el porqué del test de antígenos en el aeropuerto de Ezeiza reside básicamente en la falencia de los trámites previos: ésta será la primera y única instancia en que el Estado nacional podrá tener control sobre el flujo de los individuos y su proceso de testeo. Tan simple como eso.

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Filas interminables: migraciones, aduana... y ahora se suma el test de antígenos.

Filas interminables: migraciones, aduana... y ahora se suma el test de antígenos.

A la espera de una solución

Con este panorama de controles limitados o precarios en el aeropuerto, de acumulación burocrática, es difícil pensar en viajar a otro país y que la afluencia de vuelos internacionales prepandemia pueda retomarse con todas las garantías sanitarias, en Argentina o en cualquier parte del mundo, y tanto menos con el dinamismo que el sector turístico reclama.

Quizás solo quede esperar por la pronta unificación de criterios certeros al respecto, algo que ni siquiera la avanzada Europa ha logrado implementar hasta ahora.

Mientras tanto la evaluación de buena parte de los viajeros ante todo este tramiterío tiene un resultado claro: negativo.

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