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Nuestro Norte consentido

El Norte argentino es una región caracterizada por provocar múltiples experiencias sensoriales en quien la recorre. Los cinco sentidos son permanentemente invadidos y agasajados por una paleta de colores, sabores y aromas que rozan la infinidad.

Estaba soñando. O le parecía. En el medio de esa intensa realidad onírica, primero se vio entre cálidas formaciones rocosas ocres y naranjas que se desmenuzaban con apenas tocarlas. Luego se elevó como un pájaro, hizo un vuelo rasante sobre un cordón montañoso, volvió a ganar altura y observó bien desde arriba un hoyo azul como el cielo, pero en la Tierra: el cráter de un volcán. Aterrizó en un viñedo, donde un viejo de barba blanca con sombrero de paja y pinta de sabiondo lo convidó con una copa de vino blanco y fresco. Acercó la copa a su nariz, y percibió un intenso perfume de azahares que lo dejó perplejo. Tomó de ella; el sabor invadió su boca por completo.
De pronto lo rodeó un retazo gigante de alfombra verde, pero se sintió a gusto, porque lo que parecía alfombra era un abultado manto de vegetación, entre cuyos intersticios corrían chorrillos de agua transparente.
El personaje de esta pequeña historia, ¿estaba soñando, o realmente había pasado por una experiencia similar?
Existe en Argentina una región que invita a atravesar una experiencia sensorial como la descripta: viva, penetrante, aguda, en la que los sueños se funden con la realidad. Tacto, visión, audición, gusto y olfato: una página tras otra de esta porción de territorio ponen permanentemente a prueba a cada uno de los sentidos, entremezclando sensaciones y sumergiéndonos en ellas con total calidez. Señoras y señores, bienvenidos al Norte.

VISION.
Este viaje con los cinco sentidos comienza en Catamarca. Desde hace poco tiempo, en la tierra del caudillo Felipe Varela la empresa Carabus Viajes (03833-431297/[email protected]) viene operando una novedosa propuesta, consistente en vuelos chárter desde San Fernando del Valle de Catamarca hasta Antofagasta de la Sierra, a bordo de pequeños aviones pertenecientes al gobierno provincial con capacidad para 20 pasajeros. En diálogo con Viajando, Jorge Carabus, socio gerente de Carabus Viajes, indicó: “Se trata de charters con salidas programadas, para todos los fines de semana -sábados a lunes-, e incluyen traslados al aeropuerto, vuelo ida y vuelta Catamarca-Antofagasta de la Sierra, alojamiento por dos noches y visitas guiadas a los museos del Hombre y Mineralógico, el Mercado Artesanal, la muestra de arte rupestre y la laguna de Antofagasta”.
También es posible realizar una serie de opcionales una vez en Antofagasta, consistentes en excursiones en vehículos 4x4 al campo de piedra pómez, al salar de Antofalla, o bien una tercera alternativa que combina el campo de piedra pómez con la laguna Grande y el cráter del volcán Galán.
Según graficó Carabus, los vuelos constituyen una experiencia en sí mismos: “Atravesamos los cordones montañosos del valle central de Catamarca; divisamos el socavón de la mina La Alumbrera, y el imponente cráter del volcán Galán, con su caldera de 50 km. de diámetro”.
“Es que los aviones -modelo Metro III- vuelan a 6.000 m., con lo cual las postales que se obtienen son de una definición increíble”, indicó.
En las entrañas del citado volcán se ubica la laguna Diamante, un espejo de agua tan transparente y atractivo como enigmático en su composición. Y no es para menos: se trata de uno de los ámbitos que mejor recrearía las características inhóspitas de nuestro planeta hace más de 3.500 millones de años.
Para luego concluir: “Además, a través de estos vuelos, en 45 minutos el viajero está en plena puna catamarqueña, un territorio virgen de excepción. Somos la única provincia con este producto”.

VISION, TACTO, AUDICION.
Basta adentrarse un poco en su geografía e intimar con su pueblo para entender enseguida de qué se trata la denominación “Jardín de la República”. Es que Tucumán es la provincia verde por antonomasia, donde los paisajes serranos, los valles floridos, las cascadas y los pueblos detenidos en el tiempo van conformando el ramillete de pequeñas grandes flores de este edén.
A solo 107 km. de San Miguel de Tucumán el turista se topa con Tafí del Valle, una villa paradisíaca con múltipes propuestas para los amantes del turismo activo. Allí se pueden realizar cabalgatas, jornadas de ecoturismo, campamentismo, rapel en exuberantes bosques y mountain bike.
Pasear a caballo por Tafí del Valle convoca al turista a un encuentro con la aventura, la paz interior y la tradición del lugar. Las cabalgatas tafinistas son un clásico, y el turista puede elegir alguno de los tantos paseos guiados por los valles para conocer cada uno de los rincones mágicos que encierra el enclave: el cerro Pelao, el Muñoz, el Mala Mala, y hasta cruzar ríos caudalosos montado en un caballo tucumano.
El mountain-bike, en tanto, posibilita conocer rincones de características únicas en Tucumán, ya que los itinerarios se realizan por senderos rodeados de montañas y ríos, explorando intensamente la flora y fauna locales.
Continuando por el camino de los valles es recomendable una visita a El Mollar, típico pueblo serrano bordeado por frondosa vegetación, y el dique La Angostura, embalse artificial que convoca a los amantes de la pesca.
Pocos kilómetros más adelante, la adrenalina aflora más intensamente al cruzar el Abra del Infiernillo. Este tramo enfrenta al explorador a un abismo en cuyo fondo discurre un majestuoso río.
A 120 km. al oeste de San Miguel de Tucumán se erige la sierra del Aconquija, que presenta una variedad de paredes rocosas óptimas para la práctica de escalada y rapel. En Tucumán, tanto el rapel como la escalada se realizan en paredes de cerros o también en formaciones rocosas donde discurre alguna cascada: entonces la adrenalina y el placer por la aventura se multiplican cuando los chorros de agua golpetean sobre el cuerpo del aventurero.

GUSTO, OLFATO.
El recorrido aquí propuesto incluye una visita a Cafayate, de modo de poner en guardia a nuestras papilas gustativas frente a uno de los vinos más peculiares de Argentina: el torrontés. Para llegar a esa localidad hay que salir desde Salta Capital hacia el sur, por la ruta 68 y luego por la ruta 40, a lo largo de 186 km. de camino pavimentado.
Cafayate se ha convertido en un lugar francamente turístico, y en el centro abundan restaurantes, hoteles y negocios con artesanías. Es también un pueblo tranquilo, surcado por brisas frescas y flanqueado por ríos, médanos, viñedos y plantaciones frutales.
Uno de los lugares para interiorizarse sobre los vinos cafayateños es el Museo de la Vid y el Vino que, tras cuatro años de trabajo, quedó oficialmente inaugurado hace pocos meses.
“Los contenidos del Museo de la Vid y el Vino están expresados de manera artística, con técnicas de exhibición que incluyen efectos escénicos, lumínicos, programas multimedia y presentaciones audiovisuales”, señaló Héctor Berra, uno de los mentores del proyecto.
Emplazado en el predio del antiguo museo conocido como “La Bodega Encantada”, el Museo de la Vid y el Vino muestra, de manera dinámica y entretenida, la historia y características de los viñedos y los vinos de altura de los valles Calchaquíes. Sus exhibiciones interactivas se desarrollan en dos espacios arquitectónicos de acuerdo a ejes narrativos.
La sección denominada Memoria de la Vid ofrece un espectáculo con innovadoras técnicas de exhibición y efectos escénicos; mientras que en la sección Memoria del Vino, ubicada en el antiguo edificio remodelado, se cuenta el pasado, el presente y el futuro del vino local.
Sobre el final del recorrido, el visitante toma contacto con las variedades emblemáticas de la región, como el torrontés, el cabernet sauvignon, el malbec y el tanat, entre otras. La visita al Museo de la Vid y el Vino culmina con la proyección, en el interior de un gigantesco tonel, de una película en la que es el vino quien tiene la última palabra.
Un fino instinto de búsqueda de armonía entre belleza y producción puede conducir al visitante a un recorrido por la bodega José Luis Mounier. Allí, la belleza circundante sofoca. El sol resplandeciente impacta contra una montaña hecha de diminutos cristales verdes y plateados, y no para de rebotar y jugar sobre estos espejitos.
En ese entorno, degustar los vinos de la bodega José Luis Mounier completa el círculo de placer. A cada trago de sus especialidades -Reserva, Finca Las Nubes, Torrontés, Rosado, Espumante-, el paladar vibra y los sentidos se despiertan rotundamente.
A Mercedes Mounier, una de las titulares de la bodega, les gusta definirlos como “vinos con pasión”.
“En el vino hay siempre dos escaleras ascendentes. Siempre se sube, lo cual indica que los sentidos se van afinando. La primera de ellas es el gusto. Es normal, entonces, que comencemos por los sabores más simples: en un principio optamos por vinos frescos y dulces, como los denominados `cosecha tardía´. Cuando los sentidos comienzan a trabajar más, entonces se van probando otros cepajes. La otra escalera es el precio, que va en paralelo con la escalera del gusto. En esta segunda escalera también trabajan los sentidos, dado que a medida que nos animamos a más, también estamos dispuestos a pagar más. Ambas escaleras siempre suben, nunca bajan”, indicó Mounier.

GUSTO.
Purmamarca es el punto de llegada de este periplo de sensaciones. Como tarjeta de presentación, esta pintoresca localidad norteña enseguida nos muestra sus casas bajas y con paredes de adobe, sus calles de tierra, los pequeños almacenes, el encantador silbido perdido de alguna quena errante.
Una iglesia blanca es la rúbrica de una postal que simboliza a la serenidad en su máxima expresión. Como telón de fondo, el tan mentado cerro de los Siete Colores, desde cuyo lomo de piedra blanda se disfruta del aire más puro, del sol más radiante, del silencio más invasivo.
Pero lo que no se debe dejar de lado en Purmamarca es un recorrido gastronómico, ya que todos los restaurantes del lugar saben poner en valor las especialidades de la región con un refinado toque gourmet.
Uno de los recomendados es el restaurante Los Morteros. De encantadora y cálida ambientación norteña, este sitio es uno de los más apreciados para los paladares exigentes. En su variado menú presenta memorables recetas, como las ricas empanadas de maíz capia rellenas de queso de cabra, picante de pollo, y arroz con leche con mousse helada de canela. Además, entradas como el solterito de quinoa, o el suave tamal de llama, conforman un preludio perfecto a sabores más intensos como el picante de lengua o el corderito acompañado con trigo mote.
Por último, a una cuadra de la plaza principal despunta El Rincón de Claudia Vilte, una peña con restaurante que invita a disfrutar de destacada cocina regional en compañía de toques de foclore norteño.
Empanadas de queso de cabra o de charqui, cazuela y asado de cabrito, lomo de llama, ensaladas andinas con quinoa y papitas puneñas conforman su amplia variedad de platos. Para completar el menú, la carta propone exquisitos postres elaborados con dulces caseros, cayote, higos, zapallitos y batatitas en almíbar con nueces y/o miel de caña, todo acompañado con los vinos más selectos del país.
Tacto, visión, audición, gusto y olfato. Todos los sentidos atravesaron la prueba de este recorrido. Y a todos ellos -si es que los sentidos tienen memoria- les queda un recuerdo que entremezcla placer con nostalgia por las ganas de continuar experimentando sensaciones. No hay que preocuparse: el Norte siempre está allí, invitando a un nuevo encuentro con los sentidos.

TIPS PARA EL VIAJERO

Cómo llegar Aerolíneas Argentinas ofrece vuelos con destino a Catamarca, provincia en donde inicia este recorrido.

Clima En el Norte predomina el clima seco, aunque presenta zonas extremadamente húmedas. Vestimenta Sugerimos vestir ropa cómoda, de grafa o algodón. Pulóveres o buzos y campera, además de remeras de manga corta y larga, y camisas livianas, ya que las temperaturas varían a lo largo del día.

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