Conocer una bodega ya no se limita a probar una copa de vino. El Enoturismo en Argentina se volvió una experiencia que arranca antes de llegar al predio y sigue mucho después de la degustación, con trenes, cavas y alojamientos que forman parte del recorrido tanto como el vino mismo.
Enoturismo en Argentina: tres maneras de descubrir el país a través del vino
El Enoturismo argentino propone tres experiencias distintas: tren hasta los viñedos en Jujuy, cava subterránea en Mendoza y noches patagónicas en Neuquén.
El enoturismo viene pisando fuerte en la cultura del viajero argentino.
De Jujuy a Neuquén, pasando por Mendoza, tres bodegas muestran que no hay una sola forma de vivir esta actividad. Ca da una propone su propio camino: un tren solar que atraviesa paisajes andinos, una visita guiada al pie de la Cordillera o una estadía completa entre viñedos patagónicos.
El Bayeh y el recorrido en Tren del Vino por la Quebrada de Humahuaca en Jujuy
Frente a la Paleta del Pintor, en Maimará, Bodega El Bayeh ofrece algo poco frecuente en el circuito vitivinícola nacional: llegar en tren. La propuesta se llama Tren del Vino y funciona a bordo del Tren Solar de la Quebrada, uniendo los paisajes jujeños con paradas en bodegas y degustaciones.
Desde marzo de 2026, El Bayeh se convirtió en la primera bodega del país con apeadero propio, una estación que deja a los visitantes directamente en el entorno de sus viñedos, sin traslados adicionales.
Detrás de la Finca Ollantay hay una historia de familia. Todo empezó en 2018, cuando los Manzur decidieron retomar el proyecto vitivinícola que había soñado el abuelo Pedro. Los vinos combinan uvas de fincas propias en Maimará y Huacalera con uvas criollas que cultivan pequeños productores de Maimará, Tilcara y Purmamarca, en un trabajo conjunto con el viticultor Matías Michelini. Ese vínculo con los productores locales le da otra dimensión a la zona, donde la vitivinicultura convive de cerca con las tradiciones andinas.
En la Finca Ollantay, ubicada a 2.400 metros de altura, se puede recorrer los viñedos, entender las particularidades de la vitivinicultura de altura y degustar vinos con la Paleta del Pintor de fondo. La propuesta se completa con Casa Mocha, en Huacalera, donde la cocina regional se mezcla con influencias libanesas, además de espacios dedicados al arte y la cultura local. Cada marzo, el festival La Vendimia de El Bayeh reúne vino, gastronomía, música y cultura con la Quebrada de Humahuaca como escenario principal.
Pulenta Estate y las catas con vista a la Cordillera de los Andes en Mendoza
En Alto Agrelo, Luján de Cuyo, Pulenta Estate invita a conocer cuatro generaciones de una misma familia dedicadas al vino. El recorrido pasa por los viñedos y la bodega, explica los métodos de vinificación y repasa el legado de los Pulenta. Con la Cordillera de los Andes siempre presente, la visita conecta el suelo, la altura y el clima con lo que finalmente termina en la copa.
La experiencia con degustación dura cerca de una hora y cuarto y necesita reserva previa, sujeta a disponibilidad y confirmación de la bodega. Los cupos varían según el tipo de cata elegida, y se puede pedir la visita en español, portugués o inglés.
Las catas guiadas recorren distintos estilos, desde las etiquetas más clásicas hasta vinos de parcelas específicas. También hay experiencias sensoriales, maridajes con quesos locales y catas privadas en la cava subterránea, formatos que suman otras capas a lo que ya se vio durante el recorrido por la bodega.
Entre las novedades figura el Pulenta Estate Albariño 2025, la primera versión de esta variedad de origen oceánico elaborada en tierras mendocinas. El proyecto arrancó en 2019 con 395 plantas y seis años de investigación sobre cómo se adaptaba esta cepa a Alto Agrelo. El resultado es un blanco fresco y aromático que le suma una arista nueva al trabajo de la bodega.
Bodega Malma y el alojamiento entre viñedos patagónicos en Neuquén
En San Patricio del Chañar, Neuquén, el vino se cuenta de otra manera. Vientos constantes, lluvias escasas y una amplitud térmica marcada son las condiciones que definen a los viñedos patagónicos. En ese marco, Bodega Malma propone recorridos por las viñas, degustaciones y una cocina inspirada en los productos de la región.
La visita puede quedarse en la mesa o transformarse en una estadía completa. Caminar entre los viñedos y probar los vinos acerca a la forma en que trabaja la bodega, mientras que la gastronomía ofrece otra puerta de entrada a la Patagonia a través de sus ingredientes. La sustentabilidad es parte central de su manera de trabajar, con prácticas que cuidan la biodiversidad, protegen el suelo y optimizan el uso del agua.
Para quienes quieren quedarse a dormir, Aldea de Terruño by Haiku, el alojamiento boutique de la bodega, ofrece tres casitas independientes entre los viñedos: Chardonnay, Pinot Noir y Malbec. Los nombres trasladan la identidad del vino al hospedaje y le dan continuidad a la experiencia, que ahora se vive desde un lugar para habitar y no solo para recorrer.
A aproximadamente una hora de Neuquén capital, este alojamiento permite quedarse más tiempo en el destino y combinar las actividades de la bodega con una noche ahí mismo. El cambio de ritmo también cambia la mirada: después de conocer los viñedos durante el día, los huéspedes pueden despertarse junto a ellos y seguir la estadía en el mismo lugar donde se elaboran los vinos.
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